En la última noche de vida que le queda, Juvencio Nava sólo le pide a Dios que se lo lleve antes que lo fusilen. Sus manos juntas claman misericordia, pero esta no llega. Ya falta poco tiempo antes que amanezca. Irónica hora para dejar este mundo. Comienza un nuevo día, un nuevo amanecer iluminará esta parte de la tierra, pero Juvencio lo tendrá que ver desde el cielo, ¿o tal vez sea el infierno?
-Creo que ya pague vivo todos mis pecados. Ya no le debo nada a nadie. Dios me ha perdonado.
Miro al Coronel y este no parece opinar lo mismo. Durante años estuvo buscando al culpable de la muerte de su padre. Hoy se tomará revancha. Incluso ante la mirada atenta y triste de Justino, el primogénito de Juvencio, quien ha venido a reclamar los restos de su padre.
-Fue un hombre justo. Merece un mejor final.
El sol se asoma y el pelotón de fusilamiento también. Ha llegado la hora final de Juvencio Nava. Un hombre que mató a otro para sobrevivir. Hoy el fantasma de don Lupe ha vuelto y lo espera para llevarlo a Dios sabe dónde.
sábado, 7 de julio de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario