
Nunca llegó a escuchar la última ovación en su honor. César Cueto fue más que un futbolista, era un artista. La vida lo dotó de habilidad, pero él, conocedor de su condición de hombre, no se la quiso llevar. Miles nos reunimos en La Victoria, afuera del último lugar que lo vio caminar, para despedirnos del más grande. La caravana en duró medio día, pero su recuerdo jamás deseparecerá, ya que la memoria popular es el único camino hacia la inmortalidad.


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