miércoles, 29 de agosto de 2007

Remando contra la corriente. Hacer cine de calidad en el Perú


El hacer cine comercial en el Perú es un reto. Verdad de Perogrullo, pero cierta para todos aquellos que apuestan al mercado nacional con un producto de entretenimiento.

La situación de la producción de películas en el Perú sigue exactamente igual a años atrás. Solamente si tienes dinero, haces tu película. No hay una infraestructura que le permita a una persona con un proyecto bajo el brazo realizar un largometraje.

Como sabemos, ni ha existido ni existe una industria fílmica en el país. No hay continuidad en la producción, no se han creado patrones o modelos a los que adhiera el público. A su manera cada película baila con su propio pañuelo.

Además, el cine peruano atraviesa por una fuerte crisis creativa y no logra reeditar los éxitos de los ochenta e inicios de los noventa que tuvieron gran aceptación en el público local y lograron cosechar premios en festivales de no poca importancia en el exterior. Hasta el día de hoy no aparece una nueva generación de técnicos, productores, guionistas y directores con una propuesta interesante. La nueva generación de cineastas y videoastas aún no presenta propuestas y otros, al intentar el estilo cine americano con el estrellato hollywodense como objetivo, no les permite una mirada interior que pudiera enriquecer una propuesta, si es que la hubiera
En la actualidad, los jóvenes realizadores se enfrentan a la cruda realidad del mercado y a una ley del cine que el propio Estado burla al no dar la cuota que, por imperio de esa misma ley, le corresponde dar a un fondo de premiación para los cineastas, por lo que los jóvenes realizadores que se atreven a asumir el riesgo de un largometraje deciden apostar sobre seguro, utilizando “fórmulas ganadoras” que en el pasado dieron resultado en otras películas, sacrificando su talento por el supuesto beneficio económico.

Esto corresponde al letargo en el que estamos: los gremios no funcionan y el CONACINE es simplemente un organizador de concursos.

Lo lamentable es que estamos en un letargo sin tener por qué estarlo. El Perú tendría que tener ya una industria cinematográfica porque tiene ventajas comparativas sobre otros países de América Latina. A pesar de eso, nuestro cine, lamentablemente, descansa en Ibermedia, en los concursos de CONACINE. Es decir, no se sostiene en sí mismo.
El CONACINE debe recibir anualmente un promedio de un millón y medio de dólares. En los siete años de vigencia de la ley, el estado sólo ha aportado entre el 10 y 15 % de esta cantidad anualmente. A esto debe sumarse que CONACINE no cuenta con una autonomía económica, presupuestal y administrativa lo cual hace que las buenas intenciones de los miembros del consejo queden empantanadas en la nebulosa burocrática. Esto es mucho más alarmante cuando se trata de fijar los calendarios de entrega de dinero a los proyectos de largometrajes y cortometrajes ganadores.
Por eso, los que apuestan por el mercado nacional y se proyectan al extranjero, buscan la seguridad en cubrir los costos de producción y obtener un margen de ganancias, siendo el objetivo primordial el box office, la taquilla, donde necesariamente el producto ofrecido debe ser “vendible” como cualquier otra mercancía; aunque, se corra el albur de caer en productos de similares características, que apuestan sobreseguro, usando fórmulas repetitivas, asumiendo el inexorable destino de ser rápidamente olvidables, como sucede con infinidad de películas norteamericanas, deviniendo en productos descartables en el corto plazo (Usar y botar). Le pasó a dos películas anteriores de jóvenes realizadores que ya nadie recuerda pese a que el estreno fue hace poco tiempo, como son Mañana te cuento y Talk show, y algo de eso le ocurre también a La gran sangre.

La Gran Sangre
La primera película peruana estrenada comercialmente en lo que va del año es La Gran Sangre, prometedora cinta nacional dirigida por Jorge Carmona, que lleva a la gran pantalla a una de las miniseries más exitosas de la televisión peruana. La película nos muestra a La Gran Sangre, conformada por el Dragón (Carlos Alcántara), Tony Blades (Aldo Miyashiro) y Mandril (Pietro Sibille), quienes siguen luchando contra el mal en el Perú, siendo los justicieros del pueblo, y matando a diestra y siniestra a los que cometen delitos dentro del Perú. La presa de esta película es el Rocha, un narcotraficante mexicano, que viene al Perú para hacer un movimiento muy grande de droga, que se llevará a cabo en la selva. Salvándose de morir muchas veces, La Gran Sangre luchará en Lima y en la selva, intentando destruir el plan del Rocha, quien está acompañado por un equipo de gente dispuesta a todo. “Con su nulidad a cuestas –y tal vez por eso mismo- La gran sangre es una película sintomática. Es decir, encarna una tendencia del cine peruano que irá creciendo. Es la “película de productor”, que no apela al Estado ni a los fondos internacionales para apostar al supuesto gusto masivo del público y adivinar sus expectativas: “as seen on TV”, como dicen los infomerciales” dijo el crítico de cine Ricardo Bedoya, en su blog “Páginas del Diario de Satán”.

Psicología Deportiva


Desde hace aproximadamente 20 años, los psicólogos norteamericanos y los europeos, han comenzado a interesarse profesionalmente por las ciencias deportivas generándose la especialización hoy reconocida como Psicología del Deporte. Esta se ocupa principalmente de dos aspectos fundamentales: los factores psicológicos individuales, grupales e institucionales que co-determinan la práctica de determinados deportes y las consecuencias estructurales psico-sociales de tales prácticas.
En este amplio espectro, el psicólogo del deporte elegirá como objeto de su estudio, la estructura de personalidad del deportista, sus aptitudes, el liderazgo, el cumplimiento de las normas que regulen la actividad, las dinámicas grupales, sus motivaciones singulares, el bienestar psico-físico, el rendimiento, el éxito, el fracaso, el espíritu de cuerpo, el mantenimiento y optimización de resultados, los conflictos intra e interpersonales y su resolución, la competencia, armonía del equipo, concentración , percepción, etcétera.
Hoy en día todos los entrenadores y deportistas reconocen la importancia de los factores psicológicos tanto para el desarrollo como el rendimiento deportivo. Factores que de hecho no solo intervienen positivamente en el mejoramiento de la calidad de vida profesional, sino también personal del deportista, su grupo e institución.
El deporte, el que según su etimología implica “sustraerse al trabajo”, genera no solo diversión y esparcimiento sino que conforma, históricamente, una parte fundamental de la conducta humana. Conducta que está regulada y pautada por normas y reglamentaciones que son tan antiguas como la misma historia de cada deporte. La Psicología del Deporte hará todo lo posible por mantener y estimular estas normas que hacen a la Ética del Deportista, tanto en su vida personal como profesional. De hecho, el cumplimiento de estas normas favorece el máximo rendimiento con el consiguiente sentimiento de éxito en lo individual como en lo grupal y lo institucional.
Una Psicología del Deporte nunca trabajará sola, sino que consolidará su posición siempre dentro de un equipo interdisciplinario en el que cumplirá con su rol en forma adecuada y activa según la modalidad del grupo de referencia y adhiriéndose a la filosofía de la institución a la que pertenezca.
DESDE TEMPRANO
El impulso de superación está íntimamente ligado a la sobrevivencia y a las tendencias de dominio que posee el hombre. Este impulso se presenta muy tempranamente en nuestra vida y es posible observarlo con claridad en los juegos infantiles. En estos, el niño repite en forma activa aquello que ha vivenciado previamente en forma pasiva. El juego sirve además como conducta que modela, limita, y recrea la fantasía del niño.
Profunda será la relación que se puede establecer entre el juego y el deporte ya que ambos tienen aspectos similares con el común denominador del placer como afecto primordial.
En estos juegos será posible hallar factores que hacen a la competencia, siendo un claro ejemplo el ejercicio de los roles vinculados a la autoridad, donde el niño aprende a manejarse con códigos en donde existe el líder, el que depende el que se mejora, el que compite. Estos juegos encontramos implícita la satisfacción imaginaria de necesidades vitales, dando sentido a toda la estructura personal tanto la física como la psicosocial. Estas necesidades vitales durarán toda la vida y a “posteriori” pueden ser satisfecha por las profesiones, el deporte y otras actividades canalizantes.
En todas estas es posible también la sublimación de la constitucional y natural agresividad humana, con el consecuente beneficio secundario.
Una adecuada competencia infantil favorece la evolución a diferentes, posteriores y más estructurados estadios que incrementan y facilitan la madurez físico emocional del niño.De aquí la importancia del “juego-deporte” a edades tempranas. El niño (y el adulto) al irse autosuperando en sus metas y marcas, ya adquiriendo una noción profunda del perfeccionamiento de sus propios recursos personales.
EL PLACER DE TRIUNFAR
Si bien cuando se gana a un deporte a un oponente, existe la consecuente cuota de placer, todo indica que es la autosuperación la que opera con mayor intensidad en el principio psíquico que regula el placer humano. Imaginemos el indescriptible placer al alcanzar la cima de una montaña a la que hubo que conquistar.Este nivel de autocompetencia le permite al hombre, progresivamente ir descubriendo el enorme caudal de destrezas que posee y que por falta de aprendizaje están dormidas en su interior, pero, prestas as brindarse a favor de la evolución personal.
Lo “mejor” es un valor cultural sustancial que actúa como un estímulo discreto en todo hombre que anhela una vida digna y placentera. Por esto es que el deportista intenta nadar “más” y “más” rápido, saltar “más” alto, meter “más” goles.
Este “más” es una constante ligado a “más” placer. Es este “más” el que produce mayor plenitud vital.Cualquier actividad física sin placer no resulta recreativa por lo cual las posibilidades de obtener un triunfo consecuente se hacen cada vez más lejanas.
Como en la vida humana hay que vencer continuamente ciertas y determinadas resistencias, un triunfo deportivo con su correspondiente cuota de placer le otorga sentido a los “sacrificios” del entrenamiento. Sacrificios que por si mismos posee un valor terapéutico ligado a la estructura misma del deporte.
Si bien la contracara del triunfo seria la derrota, esta en el caso de no ser repetida o constante es una fuente importante de conocimiento y por eso altamente aprovechable para regular la autoestima y neutralizando fantasías omnipotentes de “todo lo puedo” vinculadas a trastornos narcisistas de la personalidad.
En el fondo todo triunfo humano siempre sostendrá la idea de que la vida puede sobre la muerte. Si bien a cada uno de nosotros nos depara el mismo destino, la vida se prolonga en un continuo ir hacia delante.
LA PERFECCION
La perfección no existe nada más que como idea humana. Es más, es parte fundamental de la estructura imaginaria hacia la que tendemos por medio del camino de la autosuperación y que forma una idealización de “lo mejor”. De aquí que la perfección sostenga en su interior un “plus ultra”, un más que nos convoca a obtenerlo. El camino que recorramos positivamente será el progreso de ese proyecto que en el deporte se marca por las metas a obtener y la performance correspondiente.
La perfección así entendida es un motor que nos impulsa a la competencia con nosotros o con los otros. Pero bien, cuando hemos logrado un nivel propio de performance puede existir temporalmente la necesidad de descanso. El cual si es demasiado largo puede conformarnos perder el estímulo de mejoramiento. Tradicionalmente esta situación se manifiesta en el dicho popular “sentarse sobre los laureles”. Será ésta una forma de derrota con múltiples y negativas consecuencias. “Sentarse sobre los laureles” será la “forma perfecta de la derrota”.
Si bien existen deportes perfectos, aunque algunos así parezcan, ya que ningún deporte por sí solo tiene la posibilidad de contener a todas las destrezas físicas en forma simultánea, a menos que se integren varios como en la figura del “tetratlon”; el deporte muestra cuan perfectible es esa maquina humana llamada cuerpo que en cada uno de sus procesos “repite” la organización del Universo tal como hoy hemos llegado a conocerlo.

sábado, 18 de agosto de 2007

La tecnología en el deporte

· ¿Impedimento o ayuda?
La Fórmula 1, el atletismo, la natación, el motociclismo, el fútbol americano... un sinfín de deportes no serían lo que actualmente son sin la aplicación de la tecnología. Son muchas las disciplinas deportivas que mueven miles de millones y en las que la precisión absoluta de la medición del tiempo o las distancias se convierte en algo imprescindible.
La unión de la tecnología y el deporte, hoy, es parte indispensable en casi todos los deportes, pero hay algunos que aún se resisten a utilizarlo. El fútbol, que maneja cantidades ingentes de dinero, ha hecho hasta el momento pequeños escarceos e incursiones en el mundo de la tecnología, pero todavía se resiste a adoptarla con todas las consecuencias y parece decidido a vivir de espaldas a las posibilidades que le ofrece el progreso técnico.
Esto se debe a que la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) dice que el error es parte del juego, eso es lo que hace más interesante a nuestro deporte. "Los técnicos se equivocan, los futbolistas se equivocan y los árbitros se equivocan, pero eso es parte del fútbol. Una parte importante” dijo Joseph Blatter, presidente de dicho organismo.
Pequeños avances
Aunque el brazo de la tecnología no llega a penetrar del todo dentro del Fútbol, algunos avances se han venido llevando a cabo. Por ejemplo, en el Campeonato Mundial sub '17 que finalizó el año pasado en Perú se utilizó un balón que mediante un dispositivo tecnológico permite a los árbitros saber cuando ingresa en la portería. "En el próximo mundial de clubes habrá una segunda experiencia similar y luego se harán las evaluaciones", señaló Blatter.
Pero ya se han dado algunos pasos, y los árbitros han sido sus principales protagonistas y beneficiarios. La empresa Kinetical, que tiene patentado su sistema en todo el mundo, puso en práctica en la última Copa de Catalunya una aplicación de gestión arbitral que facilita mucho el trabajo de los hombres de negro. Su nombre, K-Referee. Su objetivo, facilitar a los colegiados la gestión de los partidos.
El sistema es bien sencillo y con él se ahorraría tiempo y se ganaría mucha comodidad en la labor anterior y posterior a cada partido. Antes del encuentro, el árbitro recibe en su ordenador de bolsillo todos los datos necesarios para abrir el acta. Durante la disputa del choque, el árbitro lleva consigo el ordenador, y en él va apuntando todas las incidencias que se vayan produciendo (cambios, tarjetas, goles, expulsiones...). Todos esos datos quedan archivados y, cuando termina el partido, el colegiado no tiene más que imprimir el acta y entregársela a cada uno de los equipos.
Uno de los dos árbitros de Primera División que lo ha probado hasta el momento, Xabi Moreno, asegura que su manejo “es muy fácil” y que, desde el punto de vista del colegiado, “lo más positivo es que llegas al vestuario al final del partido, conectas el ordenador a la impresora e imprimes el acta; se ahorra mucho tiempo”.
Moreno considera que la implantación de este sistema “sería muy positivo porque significaría dar una vuelta más al arbitraje y demostrar que éste evoluciona con el tiempo”.
Los beneficiados no son sólo los árbitros, también las federaciones, los clubes y los medios de comunicación que cubren los partidos de fútbol. Y todo gracias a un software unido a un ordenador de bolsillo, cuyo secreto no tiene mucho misterio.
Antes del partido, el árbitro enciende su iPaq y le aparece el día, la hora, el lugar y los equipos del encuentro que tiene que arbitrar. Primera ventaja: no ha tenido que acercarse a su colegio para enterarse de todo ello.
Cuando el árbitro llega al estadio, no tiene más que pulsar sobre el dorsal de los jugadores titulares y los suplentes y le aparecen en la pantalla las 11 camisetas de cada equipo. Cuando ocurre alguna incidencia durante el encuentro, ya sea una tarjeta, un gol o un cambio, el colegiado no tiene más que pulsar sobre el dorsal del jugador y escoger en el menú el tipo de incidencia.
Por ejemplo: tarjeta amarilla al número 4. Pincha sobre la camiseta que lleva ese dorsal, elige en el menú la opción de tarjeta amarilla y después el motivo de la sanción. Vuelve a puntear y la incidencia ya está recogida.
Cuando acaba el partido, no queda más que sacar el acta y enviarla a la federación por GPRS. Allí, el fatigoso y apresurado trabajo de actualización de datos y clasificaciones se realiza de forma automática, lo que permite a clubes y medios de comunicación acceder a ellos de forma casi inmediata.
Fútbol americano, el mejor ejemplo
Desde hace años, el fútbol americano utiliza de forma habitual la tecnología para que las decisiones arbitrales sean acertadas. En cada encuentro los árbitros emplean un sistema de comunicación interna que les permite, en pocos segundos, tomar la decisión correcta.
A través de un monitor, unos árbitros ven la repetición de la jugada dudosa y comunican al principal, que se encuentra en el terreno de juego, por ejemplo, el número exacto de yardas que ha avanzado un jugador o si ha llegado a la zona de ‘touch down’.
Se ha hablado muchas veces de aplicar este sistema de vídeo al fútbol, con lo que el fuera de juego, las agresiones, los penaltis, los goles fantasma y demás incidencias del juego dejarían de crear la enorme controversia que generan. Los árbitros ya no serían el blanco de todas las críticas y ya no se podría cargar sobre ellos las culpas de una derrota. Pero hasta hoy son más los defensores del sistema tradicional que los que apuestan por la introducción del vídeo.