domingo, 23 de septiembre de 2007

Somos malos, ¿seámoslo siempre?











· Cómo vive el fútbol , en el Perú, un pseudohincha
Tengo que confesar que amo el fútbol, pero no el que se juega en mi país. Semana a semana prendo el televisor y me encuentro con lo mismo: planteamientos arcaicos, canchas en un pésimo estado, casi sin pasto –y si es artificial… mejor dejo ese tema para otro día-, y partidos tan aburridos que solo ayudan a promover una rica siesta en la tardecita.
Realmente es doloroso tener que ver 90 minutos de lo mismo, o al menos casi siempre lo es. Lo bueno es que jamás lo hago. El problema es que aquellos optimistas que van al estadio –no encuentro una mejor forma de describir a aquellas personas que siguen pagando su entrada para ir a ver “fútbol”- sí se tienen que chantar todo el encuentro.
Creo que es momento de admitir algo más, también soy algo masoquista. Porque si no lo fuese no podría estar escribiendo esto. Hoy, como durante muchas otras semanas, volví a prender el televisor y decidí, con mucha fuerza de voluntad, ver fútbol peruano. El partido: Alianza Lima contra Melgar de Arequipa. En un primer instante pensé –iluso de mí- que podría ser interesante. Alianza tiene un buen plantel (para el medio, siempre en relación a lo que hay en nuestro querido Perú) y Melgar, al menos por los resultados que le vienen acompañando, promete emoción. Además, nuestro querido Reimond Manco está en la banca y a lo mejor entra, nunca se sabe qué pueda hacer ese pequeño diablo.
Como diría un ex narrador de fútbol por cable, “comenzaron 90´ del deporte más hermoso del mundo”, y con tan solo 10 minutos retorné a la realidad. El fútbol peruano es malo. Da pena ver al Alejandro Villanueva, más conocido como el “Matute”, casi sin pasto. Pero eso sí, hay más verde en la cancha que gente en las tribunas. Puede que yo no sea el único que piensa que hay algo malo con nuestro “deporte rey” (deberíamos reconsiderar, seriamente, que el fútbol sea nuestro deporte predilecto, pero eso es tema para otro día). Aunque “Comando Sur” sí estuvo presente, ni siquiera les alcanza para llenar la barra. Y esto es casi una constante en el resto de recintos del país.

¿Explicaciones? ¿Soluciones?
Realmente no sé si haya una razón precisa para explicar por qué nuestro campeonato local es así de patético. Algunos dicen que es la falta de presupuesto, y puede ser, pero no me llega a convencer del todo. Equipos como Cristal y San Martín, con un gran respaldo económico, deberían ganar cada año y pelearse entre ellos cada campeonato; eso no es del todo cierto, al menos hoy no. Cristal está casi al borde del descenso y San Martín, a pesar de ser campeón del Apertura y ser el líder en puntaje en el acumulado, no va por buen camino en esta parte del año.
Otra posible explicación, que va casi de la mano con el pobre presupuesto que se maneja en el Perú, es la fuga de talentos. Cada buen prospecto de jugador que se tiene, emigra. Esto puede desprestigiar un poco el nivel de nuestro campeonato, pero si nos comparamos con Argentina, país que exporta más del 100% de jugadores al año que nosotros, y vemos el su campeonato, esta teoría se ve algo debilitada. Ellos mantienen un gran nivel a lo largo de año, y no solo a nivel doméstico, sino también en los campeonatos sudamericanos y en sus giras internacionales.
Como dije en un inicio, no creo que exista una única razón que respalde y explique por qué nuestro campeonato es de tan baja calidad. Un amigo, hincha de la U y por ende del fútbol nacional, me trató de vender la idea que acá no hay un sistema de cazatalentos como existe en otros países, donde cada equipo tiene personal entrenado y encargado expresamente de buscar jóvenes promesas. Además me dijo que acá, debido al claro centralismo, casi no se busca en otras ciudades fuera de lima. Su pregunta fue, “¿cuántos jugadores cusqueños se visten con la roja del Cienciano?”. No le supe responder. Pero puede que tenga razón. Tal vez necesitemos buscar talentos en un nivel menos limeño, mas pienso que muchos de los posibles y potenciales valores que puedan existir a nivel nacional, terminan aterrizando en suelo limeño.

¿Algo que rescatar…?
A comienzos del Clausura, después de un renovado interés por nuestro fútbol, retorné a los estadios. Pasé por el San Martín, el Monumental, el Nacional y el Miguel Grau del Callao. En 3 de esas 4 ocasiones que fui, se debió casi exclusivamente a 2 jugadores (el otro partido fue un Cristal vs. San Martín que ni quiero recordar). Estos son aquellos que quiero rescatar y que han hecho posible, al menos por algunos minutos, que saque me mueva de mi cama y me congele en un estadio. Ellos son Jhonnier Montaño y Mayer Candelo –qué pena que alguno no sea peruano-. Los 2 colombianos, pertenecientes a una casta, la del armador, el popularmente conocido como el “10”, que parece perdida dentro de las nuevas corrientes del fútbol moderno, donde aquello que prima es el biotipo y la defensa (si no me entienden, solo hay que ver quiénes ganaron los torneos más importantes en los últimos años, Italia y el Milan), hacen maravillas dentro del terreno de juego.
El partido entre la “U” y el Sport Boys fue un espectáculo que no voy a olvidar por muchos años. Puede que Candelo no desequilibrara como siempre, pero Jhonnier dejó una pinturita –que me recordó a la mágica y gloriosa zurda del bien llamado “poeta de la zurda”, César Cueto- para el recuerdo.
Lástima que solo 2 jugadores sean rescatables, al menos por su talento. A nivel de entrega, puede que existan más, pero la garra, personalmente, no me lleva al estadio. Y lo que más pena me hace sentir es que estas dos estrellas no son peruanas. Habrá que esperar a los “jotitas”, esperar que Manco me siga emocionado como en el Mundial o que Duarte me dé la confianza que le dio al resto de sus compañeros; para eso faltan. Aún no son titulares en sus equipos y todavía no les pido más de lo que ya me dieron.

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