
· Más que un simple número, un sentimiento.
Desde chiquitito, cuando mi tío me llevaba al estadio o cuando acompañaba a mis padres a ver a mi hermano jugar fútbol, desde tan temprana edad, uno se da cuenta que dentro del cama, hay un número que siempre destaca: el 10.
Diego Armando Maradona, Pele, los 2 más grandes de todos los tiempos (al menos así lo dicen los conocedores del fútbol) lo llevaron siempre en su espalda. Y no sólo ellos, miles más, algunos con la ilusión de creer que el número hace al jugador, otros copiando a sus ídolos, y otros más tendrán sus razones.
Un poco más crecidito, la idea inicial se vio reforzada por uno de varios dibujos que acompañaron mi niñez y adolescencia recién terminada: Super Campeones (o Capitán Tsubasa). Estas caricaturas narraban la historia de Oliver Atom, un niño japonés que soñaba con convertirse en el más grande jugador de fútbol de todos los tiempos. Para no alargarla, llevaba la diez en la espalda. Y dentro del campo, llevaba una connotación trasladada de la vida real a la pantalla; en mi caso, al revés.
El diez es más que un simple número. Conlleva sentimientos tanto en el jugador como en el hincha. Tal vez, y no creo equivocarme, se espera más de aquel que lleva dicho número que del resto.
Aunque esto, hoy, ya dejó de ser así.
La desaparición de una casta
Todos tenemos impresos en nuestra memoria las inolvidables actuaciones de jugadores como Cubillas, Maradona, Pelé y Matthaüs –y cientos más, pero el artículo no alcanza para mencionar a todos, lamentablemente-. Pero con los años, el fútbol actual dejó de darle cabida en sus canchas a tan maravilloso talento acompañado del tan glorioso símbolo numérico.
La casta a la que me refiero, y que es la heredera, generación tras generación, del número 10, es la del armador, el volante creativo, el inventivo. Pero esto ha ido decayendo con los años. No solo es la desaparición de la posición, sino de la unión con el número. Hoy se juega con números que llegan hasta… bueno, las palabras sobran cuando la imaginación está de por medio.
El volante creativo, como tal, es una especie en vías de extinción y no vislumbró su recuperación. El fútbol moderno le robó su lugar y se lo dio a los media puntas o los volantes mixtos o simplemente colocó a otro volante más de marca o un 3er delantero. Y, mal que bien, parece que le funciona a algunos.
Personalmente, me gusta que exista un volante de armado fijo dentro del campo. Esto se debe en gran medida a que crecí jugando con un 4-4-2, con un rombo fijo en el medio. Hasta estos días sigo jugando winning con la misma formación y creándoles posiciones a jugadores y acomodándolos para que encajen en mi esquema.
Pero retornando a la realidad, son pocos los que quedan en dicha posición. Cuando pensé en escribir este artículo, me enfrasqué en una conversación con un amigo sobre quiénes son aquellos volantes creativos que aún se ajustan y se me hizo realmente difícil encontrarlos: Rui Costa jugando sus últimos partidos por el Benfica portugués, Román Riquelme que no está jugando y, viendo el campeonato peruano, Máyer Candelo.
Sería iluso de mi parte decir que ellos son los únicos, pero representan un tipo de juego que está desapareciendo. Rui Costa está cerca al retiro, Riquelme ni siquiera juega y Máyer Candelo resalta en un campeonato mediocre como el peruano.
Revisando mentalmente uno por uno los equipos más grandes y exitosos –hoy no sólo se triunfa por el renombre- a nivel internacional en los últimos años, y nada. El Milan de Carlo Ancelotti juega con Kaká como media punta, no con un creativo; el Real Madrid de Vicente del Bosque jugaba con Zidane en la primera línea de volantes, con Figo recostado sobre una banda; y el Manchester United de Sir Alex Ferguson, con Scholes en primera línea de volantes, Ronaldo por una banda y Giggs por la otra.
Una nueva generación
El fútbol moderno casi no coteja entre sus nuevos dogmas la posición del 10. Lo actual dejó de lado al creativo por excelencia, pero nos dejó una nueva casta. Una nueva generación que juega con cualquier número, y en otra posición, pero nos hace soñar, pararnos de nuestras camas e ir a los estadios a disfrutar con su juego que se asemeja, desde la espectacularidad, a las del 10 de antaño.
Jugadores como Messi, Ronaldinho, Zidane –antes de retirarse- Kaká y, dándome una vuelta por nuestras canchas, pero si ánimo de igualarlos, Jhonnier Montaño. Estos cracks, y varios más, me emocionan de sobre manera. Hacen que el fútbol siga siendo el espectáculo supremo a nivel deportivo.
Esta nueva generación dejó el centro de la cancha y se arrimo a la banda, donde realizan sus piruetas y genialidades con mayor soltura, y creo que el público se lo agradece, puesto que hoy los tienen más cerca de las graderías que nunca.
Yo también lo agradezco y vibro como cualquier hincha del fútbol, pero siempre llevaré en mi brazo izquierdo una pequeña banda negra imaginaria en honor al número 10 y a aquellos que defendieron todo lo que representa.
Desde chiquitito, cuando mi tío me llevaba al estadio o cuando acompañaba a mis padres a ver a mi hermano jugar fútbol, desde tan temprana edad, uno se da cuenta que dentro del cama, hay un número que siempre destaca: el 10.
Diego Armando Maradona, Pele, los 2 más grandes de todos los tiempos (al menos así lo dicen los conocedores del fútbol) lo llevaron siempre en su espalda. Y no sólo ellos, miles más, algunos con la ilusión de creer que el número hace al jugador, otros copiando a sus ídolos, y otros más tendrán sus razones.
Un poco más crecidito, la idea inicial se vio reforzada por uno de varios dibujos que acompañaron mi niñez y adolescencia recién terminada: Super Campeones (o Capitán Tsubasa). Estas caricaturas narraban la historia de Oliver Atom, un niño japonés que soñaba con convertirse en el más grande jugador de fútbol de todos los tiempos. Para no alargarla, llevaba la diez en la espalda. Y dentro del campo, llevaba una connotación trasladada de la vida real a la pantalla; en mi caso, al revés.
El diez es más que un simple número. Conlleva sentimientos tanto en el jugador como en el hincha. Tal vez, y no creo equivocarme, se espera más de aquel que lleva dicho número que del resto.
Aunque esto, hoy, ya dejó de ser así.
La desaparición de una casta
Todos tenemos impresos en nuestra memoria las inolvidables actuaciones de jugadores como Cubillas, Maradona, Pelé y Matthaüs –y cientos más, pero el artículo no alcanza para mencionar a todos, lamentablemente-. Pero con los años, el fútbol actual dejó de darle cabida en sus canchas a tan maravilloso talento acompañado del tan glorioso símbolo numérico.
La casta a la que me refiero, y que es la heredera, generación tras generación, del número 10, es la del armador, el volante creativo, el inventivo. Pero esto ha ido decayendo con los años. No solo es la desaparición de la posición, sino de la unión con el número. Hoy se juega con números que llegan hasta… bueno, las palabras sobran cuando la imaginación está de por medio.
El volante creativo, como tal, es una especie en vías de extinción y no vislumbró su recuperación. El fútbol moderno le robó su lugar y se lo dio a los media puntas o los volantes mixtos o simplemente colocó a otro volante más de marca o un 3er delantero. Y, mal que bien, parece que le funciona a algunos.
Personalmente, me gusta que exista un volante de armado fijo dentro del campo. Esto se debe en gran medida a que crecí jugando con un 4-4-2, con un rombo fijo en el medio. Hasta estos días sigo jugando winning con la misma formación y creándoles posiciones a jugadores y acomodándolos para que encajen en mi esquema.
Pero retornando a la realidad, son pocos los que quedan en dicha posición. Cuando pensé en escribir este artículo, me enfrasqué en una conversación con un amigo sobre quiénes son aquellos volantes creativos que aún se ajustan y se me hizo realmente difícil encontrarlos: Rui Costa jugando sus últimos partidos por el Benfica portugués, Román Riquelme que no está jugando y, viendo el campeonato peruano, Máyer Candelo.
Sería iluso de mi parte decir que ellos son los únicos, pero representan un tipo de juego que está desapareciendo. Rui Costa está cerca al retiro, Riquelme ni siquiera juega y Máyer Candelo resalta en un campeonato mediocre como el peruano.
Revisando mentalmente uno por uno los equipos más grandes y exitosos –hoy no sólo se triunfa por el renombre- a nivel internacional en los últimos años, y nada. El Milan de Carlo Ancelotti juega con Kaká como media punta, no con un creativo; el Real Madrid de Vicente del Bosque jugaba con Zidane en la primera línea de volantes, con Figo recostado sobre una banda; y el Manchester United de Sir Alex Ferguson, con Scholes en primera línea de volantes, Ronaldo por una banda y Giggs por la otra.
Una nueva generación
El fútbol moderno casi no coteja entre sus nuevos dogmas la posición del 10. Lo actual dejó de lado al creativo por excelencia, pero nos dejó una nueva casta. Una nueva generación que juega con cualquier número, y en otra posición, pero nos hace soñar, pararnos de nuestras camas e ir a los estadios a disfrutar con su juego que se asemeja, desde la espectacularidad, a las del 10 de antaño.
Jugadores como Messi, Ronaldinho, Zidane –antes de retirarse- Kaká y, dándome una vuelta por nuestras canchas, pero si ánimo de igualarlos, Jhonnier Montaño. Estos cracks, y varios más, me emocionan de sobre manera. Hacen que el fútbol siga siendo el espectáculo supremo a nivel deportivo.
Esta nueva generación dejó el centro de la cancha y se arrimo a la banda, donde realizan sus piruetas y genialidades con mayor soltura, y creo que el público se lo agradece, puesto que hoy los tienen más cerca de las graderías que nunca.
Yo también lo agradezco y vibro como cualquier hincha del fútbol, pero siempre llevaré en mi brazo izquierdo una pequeña banda negra imaginaria en honor al número 10 y a aquellos que defendieron todo lo que representa.


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