miércoles, 6 de mayo de 2009

Una llegada fue suficiente

Minuto 92 del partido. Prendía la computadora para escribir una líneas en favor del Chelsea, que se merecía llegar a Roma y ganaba el partido 1-0 tras golazo de Essien. Ya tenía el titular listo, las líneas de inicio preparadas para ser derramadas y dar ciertas explicaciones del resultado. Pero un error en la zaga del equipo inglés le permitió a Messi coger el balón, levantar la cabeza y ver a Iniesta en el borde de la media luna. Pie derecho, tres deditos, ángulo y celebración. Escucho atentamente el partido que aún no acaba. Confiado en que el resultado no va a cambiar. Córner a favor del local, mano de Eto´o en el área que el árbitro no cobra y se acabó. Qué día glorioso para los admiradores del fútbol y del suspenso.
No lo puedo creer, es algo que normalmente no pasa en este maravilloso deporte. No vivía algo así desde la final en la cual el Manchester United le dio vuelta sobre la hora al Bayern Munich (temporada 98/99, marcador: 2-1).
En algún momento del encuentro, en el trámite del mismo, mientras el Chelsea no encontraba cómo anotar el segundo y acabar el partido, ya sea por fallas en la definición, errores arbitrales o faltas (expulsaron a Abidal con una roja directa cuando Anelka se iba de frente contra Valdez), apareció en mi mente un viejo cliché: suerte de campeón. Los minutos corrían y la idea se me vino abajo. Tengo que confesarlo, no me imaginé un final así; no debo ser el único. Guardiola, faltando unos minutos, abrazaba a Hiddink -director técnico de los blues- y le decía con la mirada: me ganaste el mano a mano, no pude hacer más ante ti. Y al final, cuando todo parecía acabado, la suerte apareció para los españoles.
Realmente el Barcelona jugó, por ponerlo de alguna manera, como el Real Madrid. Encontrando la victoria más a punta de huevos que de fútbol. Dejaron, en buena parte del segundo tiempo, el estilo que los había llevado hasta esa instancia. La bola no corrió como normalmente lo hace cuando los culés a dominan. Iniesta se tiró por la banda izquierda para reemplazar a Henry, lesionado, y dejó su puesto para un ausente Keita, que tuvo un puesto privilegiado en el campo. Alves, por el otro lado, no se cansó de tirar centros, pero más que brasileño parecía peruano; no puso una sola buena pelota en el área. Messi no estuvo, absorbido por la marca- y que nadie salga a decir que lo bajaron a punta de patadas- y algo desenfocado en el toque final. Eto´o salió del área y nunca encontró su sitio como el 9 que es. Y así se puede describir a casi todos. A todos se les vio cansados y esa puede ser una de las razones del mal funcionamiento, pero no diría que fue una excusa; es parte de calendario que los lleva a mayo como punteroes de La Liga, finalistas en la Copa del Rey y de la Champions League.
Quiero rescatar el excepcional partido de Piqué, quien se soltó en los minutos finales y buscó el empate, pero mientras estuvo en su posición fue casi impasable y eso, ante Drogba, es muy meritorio.
Mientras escribo, escucho a los comentaristas de ESPN hablar de la justicia del resultado, no por lo mostrado en este día, sino por el mal juego del Chelsea: el adjetivo es amarretes. Patrañas ridículas y poco pensadas. Que no les guste esa forma de juego, cerrados en defensa y en medio campo, es una cosa, pero hablar de mal juego es otra. Ya vea cada uno qué es lo que le gusta.
Hiddink paró un equipo parecido al del Nou Camp. Cuatro defensas, sin salida por los laterales, cinco medios, de los cuales ninguno tiene una vocación netamente defensiva (repasemos: Essien es un volante mixto, Anelka es delantero, Malouda, Ballack y Lampard son de avanzada) y Drogba arriba, peleando contra el mundo. Esos once guerreros, clasificados por Mourinho -y ratificado por Guardiola en la semana- como el plantel con mejor físico del mundo, se pusieron en la cancha y nunca dieron un balón por perdido. Asombrosamente, casi ni cometieron faltas. Marcar bien es saber cómo pararse en la cancha y dónde cortar el balón. Palmas para los ingleses. Malouda le hizo el partido imposible a Alves, quien se perderá la final por acumulación de amarillas. Ashley Cole, siempre con la ayuda de Terry, pudo detener a Messi, quien no pudo salir de su marca más que un par de veces. El duelo lo ganó el Chelsea, el partido lo empató el Barcelona al final del mismo y la llave también los azulgrandas con un gol de visitante, que sigo creyendo no siempre es útil.
Por otro lado, no siempre se puede jugar bien y ganar. Hoy fue ese el caso del Barcelona, que salieron de frente a comprar sus pasajes hacia Roma. El Manchester ya los espera. Suerte y que gane el mejor ...

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