
No es sorpresa, Perú volvió a perder. Esta vez frente a la alicaída Argentina de Diego Maradona, un técnico que no lo es. El marcador, 2-1; la forma en la que caímos es lo que me anima a escribir una vez más sobre nuestra querida blanquirroja. El equipo, como pocas veces en las eliminatorias, mostró coraje y el deseo de no ser goleado por un rival necesitado de los 3 puntos.
Salimos a la cancha a defendernos, a jugar como el equipo chico que somos, con 2 líneas bien marcadas: 4 defensas y 5 volantes que casi no pasaron la media cancha. Arriba Fano tuvo un partido para el olvido. Nuestro único delantero desperdició dos claritas de cara al arco.
Sin importa nuestra pésima actuación con el balón (el 1er tiempo acabo con el 75% de la posesión para Argentina), nos fuimos al descanso con el empate, pero con un poca de buena suerte. El novel Higuaín falló dos oportunidades que en el Madrid no desperdicia.
Con lo visto en la primera etapa, Maradona mandó a la cancha a un 9 de área, el inacabable Martín Palermo. Chemo ... No se mueve del banco ni con terremoto. Otra pésima actuación del DT peruano que jamás encontró un equipo ni un estilo de juego. Que nadie me diga que meterse en el área y botar la pelota en dirección a Fano es un estilo.
El partido siguió bajo el control de Argentina, que empezó a tener el balón con más calma. Messi encontró en Aimar un compañero ideal para tocar y hacer paredes, sabiendo que en el área tenía a Higuaín y a Palermo esperando. Es así que, tras salir tocando desde el fondo, el payasito Aimar puso un pase encortada, Amilton Prado quedó enganchado y dejó habilitado al pipita, que cruzó el balón. El alivio se sintió en el ambiente.
Con el marcador a favor, uno -como buen conocedor de la historia de nuestro fútbol- esperaba una avalancha de ataques argentinos, pero nunca llegaron. Maradona -solo él sabe por qué- mandó a la cancha a Demichelis y formó una línea de 4 backs, dejando de atacar a Perú por las bandas.
Aunque somos malos, no idiotas. Empezamos a presionar y con el terror de los millones de argentinos que veían el partido, el cielo se abrió y la lluvia trató de cubrir la verguenza de los locales. Poco a poco nos acercamos y faltando escasos minutos para acabar el partido Hernán Rengifo -que había entrado por Fano- pudo conectar un centro y anotar el que parecía el gol del empate.
Un recuerdo del partido en Lima vino a la cabeza, pero como le decía a una amiga por msn, aún no termina el encuentro. Y cómo me dolió escribir esa línea, porque ni bien le di enter, Palermo - en posición adelantada- encontraba un balón sin marca, sin arquero y de cara al arco. El goleador de Boca Juniors fue ovacionada en el Monumental de River, quién lo diría ...
Así es el futbol, nos da emociones, nos da alegrías, para a los pocos segundos arrebatar cualquier esbozo de sonrisa.
Ahora los argentinos podrán descansar tranquilos, siguen dependiendo de sí mismos para llegar a Sudáfrica 2010.
Si ud. mi lector quiere parar de sufrir, deje de ver futbol, es lo único que les puedo recomendar. Yo, como buen peruano, soy masoquista*.
*Masoquista: hincha de mi selección
pd: Dejen de quejarse con el árbitro, él no nos llevó a los 10 puntos en estas eliminatorias.


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